- 30 de enero de 2026
En pleno Mundial de 1986, más de 120 mil personas silbaron a Miguel de la Madrid y Televisa no pudo ocultarlo.
El Mundial de 1986 arrancó con un Estadio Azteca repleto. Más de 120 mil personas, banderas, música y un ambiente festivo convertían la inauguración en una postal perfecta. México era anfitrión otra vez, y el futbol parecía, por un instante, un respiro nacional.
Pero el momento dio un giro inesperado.
Cuando el sonido local anunció al entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, el estadio explotó... pero no en aplausos. Un abucheo ensordecedor se apoderó del Coloso de Santa Úrsula. Silbidos, gritos y reclamos colectivos retumbaron en un escenario que, hasta segundos antes, celebraba.
Un país que encontró su voz en el futbol
Los gritos y silbidos ahogaron su discurso, reflejando el descontento popular por la forma en que el gobierno enfrentó la crisis económica y la tragedia del terremoto de 1985. Era un México distinto al actual, pero incluso entonces el pueblo encontró en el estadio un espacio para expresarse.
El Azteca, símbolo deportivo, se convirtió en tribuna política.
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Televisa intentó bajarle el volumen... sin éxito
La televisora que transmitía la inauguración intentó reducir el audio ambiente para minimizar el impacto, pero era imposible ocultar lo evidente. El ruido era demasiado fuerte, demasiado masivo, demasiado real.
México entero —y el mundo— escuchó claro: el pueblo había hablado.
Aquel episodio quedó como una de las escenas más incómodas y memorables en la historia de los Mundiales: un recordatorio de que, incluso en medio del espectáculo futbolístico, la realidad siempre encuentra la forma de colarse.




